Soy madre pero, ¿tengo derecho a quejarme?

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Ser padres es sin duda una de las mejores experiencias que se puede tener, pero como todo en la vida tiene sus claros y sus sombras aunque, en el caso de las madres, esas sombras son bastante complicadas de verbalizar sin que, como mínimo, haya algún gesto de disconformidad.

La culpa es uno de los peores aliados en la crianza de los hijos pero es uno de los sentimientos más comunes desde el momento en el que te quedas embarazada, y quizá, uno de los mayores problemas es que se retroalimenta al sentir cansancio, tristeza, miedo o dudas, algo de lo más natural y común.

Ser madre es automáticamente sinónimo de felicidad plena y dicha constante y nada más alejado de la realidad… Desde el momento en el que te quedas embarazada los temores, miedos y las dudas son constantes, durante los nueve meses de gestación parece que las hormonas juegan en tu contra y te hacen entrar en un estado de montaña rusa que tardarás muchos meses en poder superar, y una vez que tienes en brazos por primera vez a tu hijo sabes que nunca volverás a ser la misma.

Luego comienza la crianza de un hijo, sin duda la hazaña más dura, 24 horas al día 365 días al año de disponibilidad absoluta, los primeros meses porque es a la madre a la que necesitan, los primeros años porque solo quieren estar con la madre y luego porque se han acostumbrado a mamá… Con esto no quiero ni pretendo quitar mérito a los padres, que tienen su lugar dentro de la crianza de sus hijos, pero no podemos obviar el papel otorgado por la propia biología a la madre.

Cuando te conviertes en madre parece que tus problemas han desaparecido, sin duda durante los primeros meses pasan a un segundo plano, es cuestión de supervivencia, pero a medida que vas encajando la maternidad en tu día a día, vuelven a resurgir todas aquellas cuestiones que colmaban tus días y que debías ir resolviendo, pero con un pequeño matiz, tus días continúan teniendo 24 horas y ahora cuentas con un pequeño que tardará años en ser totalmente autónomo.

La maternidad es un trabajo full time que no entiende ni de horarios ni de conciliaciones y que, guste más o menos, es una prioridad absoluta, y como en todo trabajo tendremos derecho a decir que estamos cansados, que no podemos más o incluso que nuestro «jefe» nos tiene agotados… Parece que no está bien visto que una madre se queje de su maternidad, y además todo el mundo opina sobre lo que debe o no debe hacer, pero, ¿alguna vez hemos pensado que quizá lo único que quiera es utilizar la queja como una mera terapia de desahogo?, soltarlo todo para poder seguir. Llegados a este punto para mí existe una máxima: Si no eres capaz de mejorar el silencio cállate y acompaña.

Cuando te conviertes en madre tu vida cambia en cuestión de minutos, aunque lleves nueve meses preparándote, hasta que no tienes a tu hijo en brazos no eres consciente de todo lo que engloba… Es en ese primer abrazo cuando sientes la verdadera responsabilidad y para que la crianza fluya es primordial que los progenitores se encuentre bien física y psicológicamente, ayudemos a que los padres sientan que están haciendo las cosas bien.

La maternidad es lo más grande y bonito que he podido hacer en mi vida, ser madre ha conseguido desarrollar en mi cualidades que antes no tenía, como por ejemplo la paciencia, pero las bondades de la maternidad ya las conocemos, creo que ha llegado el momento de que nos quejemos un poco, que nos desahoguemos abiertamente sin cargar con la mochila de la culpabilidad por ello. Si lo necesitas y lo sientes la queja es constructiva, natural e incluso lógica.

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