Los kilos de más de mi embarazo

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Cuando te quedas embarazada nunca piensas en lo que vas a engordar, solo piensas en esa barriguita tan hermosa que comenzará a salir… Luego comienzas a sentir un hambre atroz, como si tu vida dependiera de que algo entre en tu estómago, en mi caso, además mi carácter se veía realmente alterado con esa sensación de hambre continua y que hacía que me sintiera realmente mal. 

En el inicio del embarazo era algo a lo que no daba importancia, tres kilos en el primer trimestre, ¿pues no está tan mal?, según mis cálculos engordaría un total de nueve kilos, -¡por debajo de la media!-, pensé. No soy capaz de recordar en que momento se me fue de las manos… Cuando estaba de 20 semanas, en el ecuador de la gestación, ya llevaba encima más de 15 kilos, pero me encontraba perfectamente, con una gran barriga de embaraza, pero eso es genética, y feliz, aunque la ginecóloga ya empezaba a demostrar su malestar… Las pruebas daban perfectas, no había ninguna contraindicación, la curva de la glucosa en orden, ¡no había de que preocuparse!

Cuando inicie el tercer trimestre, en la semana 28 de embarazo, fue cuando ya no había manera de controlar el peso que iba cogiendo, mis cálculos habían dejado de tener sentido, y claro, es que es el momento en el que mi bebe comenzaba a coger peso de verdad. No me había parado a pensar que durante el primer y segundo trimestre de embarazo, el pequeño está formándose, pero que cuando realmente empieza a crecer y a coger peso es durante el tercer trimestre. Me subía a la báscula y había semanas que había engordado más de un kilo… ¡Así que me encontré que en tres meses había engorda casi otros 10 kilos!

Cuando rompí aguas, antes de irme para el hospital, me subí por última vez a la báscula, 30 kilos redondos, realmente no me sentía tan “pesada” como para tener 30 kilos de más en mi 1,60 de estatura, así que pensé que seguramente en cuanto diera a luz, mínimo desaparecerían la mitad, así, como por arte de magia… Tras tres días ingresada volví a casa con mi pequeña que había pesado 3,650 kg y convencida de que mi “amiga” la báscula me iba a dar un grato recibimiento, pero cual fue mi sorpresa cuando me encontré con que no había perdido ni tres kilos… Ya no había marcha atrás y ya no valía aquello de que la sangre pesa más en el embarazo, la placenta, el peso del bebe, la retención de líquidos… ¡Me había quedado con 27 kilos con los que tendría que lidiar!

Para mí el embarazo fue la excusa perfecta para comer sin control y sin cuidarme, cuando se supone que es la etapa en la que más debes hacerlo… Sin duda el embarazo da hambre, sientes tu cuerpo extraño, con muchos cambios pero no hay excusa para el todo vale, y NO, no hay que comer por dos. 

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