¿Es bueno que los niños anden descalzos?

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Son muchas las veces que nos preguntamos cuál es el momento idóneo para calzar a nuestros hijos, empezamos con el clásico patuco para los recién nacidos hasta los zapatos para el gateo o para los “preandantes”, pero lo cierto es que lo que recomiendan los especialistas es que los niños no se calcen hasta los 12-18 meses, de hecho recomiendan que todo el mundo ande descalzo aunque sea un rato al día.

El calzado prematuro en los niños les inhibe la percepción sensorial que tienen a través de los pies. Los bebes cuando nacen tienen muy desarrollado el tacto, y a través de él reciben infinidad de estímulos, por esta razón si les ponemos un calzado estamos “bloquean” una manera de aprendizaje y de experimentación. Igual que no se recomienda que se pongan las manoplas a los recién nacidos para que ellos puedan tocar y reconocer a través de sus manos el entorno, lo mismo pasa con los pies.

El zapato está diseñado para proteger los pies (de la lluvia, frío, de sufrir infecciones o heridas…), pero estos peligros no existen cuando un bebe va sentado en su carrito o cuando el niño está en casa, por ello no es necesario que los lleven. Cuando mis hijos eran pequeño y comenzaron a andar llevaba los zapatos en el bolso del carro y cuando llegábamos al parque o se bajan del carro era cuando se los ponía, mientras tanto iban con los pies desnudos y en invierno con unos calcetines.

Los bebés

Cuando un niño no ha comenzado a andar es absolutamente innecesario utilizar zapatos, de hecho, si se los ponemos, en torno a los 8/9 meses serán ellos mismos quienes se los quitarán para poder jugar y descubrir sus pies. Es un gran momento cuando los pequeños se descubren los pies, se pasan el día jugando con ellos y “saboreándolos”, ¿quién no tiene una foto de su hijo con los pies en la boca? 😉

Durante los primeros meses de vida de un bebé la inmensa mayoría de sus estímulos los recibe a través del tacto y del gusto, por lo que si les calzamos estaremos limitando muchísimo sus posibilidades de experimentar y por tanto de aprender, de hecho, hasta los 9 meses, los pies de un bebe tiene muchísima más sensibilidad que sus manos.

Cuando comienzan con el gateo tampoco es momento de calzarles, este momento es su primera experiencia de poder reconocer el entorno a su ritmo, ya que al poder desplazarse son muchas más las posibilidades que tiene de poder descubrir cosas nuevas… como venimos diciendo no tapemos uno de los mayores receptores sensoriales del cuerpo de un bebe, que son sus pies.

Por otro lado, los podólogos aseguran que el movimiento del pie durante el gateo favorece mucho más el fortalecimiento de la musculatura si lo realizan descalzos. Los pequeños músculos que componen el pie trabajan más y mejor cuando no llevamos zapatos y esto es muy beneficioso para el desarrollo y el mantenimiento de la estructura del pie. Cuando estamos calzados estos músculos trabajan menos y podemos hacerlos “vagos” de no utilizarlos, lo que repercutirá en el desarrollo y en la pisada.  

Cuando comienzan a andar

En el momento en el que nuestro pequeño empieza a dar sus primeros pasos un mundo nuevo se descubre ante él, o como se dice comúnmente “ante sus pies”, y es justamente porque comienzan a descubrir nuevas texturas y sensaciones al pisar diferentes ambientes, si desde el primero momento les ponemos zapatos o incluso calcetines sacamos esas nuevas experiencias de su aprendizaje. Los niños a la mínima de cambio se han sacado los zapatos y están andando descalzos… por algo será, ¿no? Hagamos un poco de caso a ese instinto de los niños y no les obliguemos a tener los zapatos puestos todo el día.

Lógicamente cuando comienzan a andar y salimos a la calle debemos proteger sus pies de los “peligros” del suelo pero mientras estemos en casa podemos dejar que investiguen con sus pequeños pies. Además como decíamos con el gateo, la musculatura del pie trabaja más cuando andamos descalzos (por esto los podólogos recomiendan que los adultos también andemos descalzos por lo menos un rato todos los días).

Uno de los grandes mitos con respecto a dejar que los niños vayan descalzos son los famosos resfriados… son muchos los pediatras que han desmentido esta falsa creencia, ya que los virus no entran por los pies, de hecho por pasar frío no nos ponemos malos, lo que pasa es que el frío trae más infecciones respiratorias y los niños estornudan, tosen, no se lavan las manos con frecuencia… y esto conlleva una mayor facilidad de propagación de esas infecciones.

En cuanto al tipo de zapato más idóneo para cuando comienzan a andar siempre se ha dicho que las botas que sujetan el tobillo son lo mejor porque ofrecen mayor estabilidad al pequeño, pero los especialistas no están del todo de acuerdo con esta teoría, ya que, sin duda, las botas ofrecen más estabilidad pero también hacen que no se trabaje la musculatura del tobillo por lo que cuando el niño se descalza tiene mucha menos estabilidad porque no se han fortalecido esos músculos. Por esta razón los podólogos recomiendan que lo ideal para los primeros pasos, a pesar de que resulten más inestables, son zapatos a la altura del tobillo (que no lo superen) y que sean flexibles pero con control de contrafuerte, con ellos los pequeños trabajarán toda la musculatura y tendrán un mejor desarrollo de la pisada.

Otro de los grandes mitos sobre calzar tempranamente a los bebés es que si no lo hacemos el pie se va a extender, se va a hacer más ancho y luego no vamos a ser capaces de encontrar zapatos… En primer lugar, sí, habitualmente el pie será un poco más ancho, lo que llevará asociado un mayor arco y gracias a eso se reducen considerablemente las posibilidades de deformidad en los pies y en los dedos (el desarrollo de la estructura del pie se ve beneficiada por el trabajo de la musculatura) pero de ahí a que no vayamos a encontrar calzado ¡existe un abismo! Mis hijos han ido y continúan yendo descalzos en casa y jamás he tenido ningún problema para encontrar zapatos, ¡lo juro!

Para terminar, los podólogos recomiendan que realicemos una revisión en torno a los 5/6 años, a pesar de que no exista ningún problema, para que se pueda realizar una valoración preventiva, ya que la mayoría de las anomalías con respecto a la pisada pueden corregirse de niños. Además, también es recomendable para contar con un “punto de partida” con respecto al desarrollo y poder valorar el desarrollo y la evolución del pie.   

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