El respeto es una pieza clave en la relación con nuestros hijos

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Cuando hablamos de una buena convivencia, de vivir en sociedad o de relacionarnos con los demás la palabra que quizá más utilizamos es RESPETO. Para poder tener una relación de amistad, de pareja o simplemente de compañeros es necesario que ambas personas se respeten y escuchen. Pero cuando hablamos de los niños parece que esa forma de pensar desaparece, ¿por qué nos cuesta tanto entablar una relación de respeto mutuo con nuestros hijos?

La educación «tradicional» nos lleva a una auténtica jerárquica dentro de nuestra propia familia. Los padres están arriba del todo y nuestros hijos tienen que obedecer, hacer todo aquello que a nosotros nos parece bien y además sin cuestionar (¡qué para eso somos sus padres!). ¿Te has parado a pensar qué te parecería si tu jefe, tu pareja o un amigo te tratase así? Seguramente tu entorno te alertaría sobre esa situación. ¿Por qué damos por válidas actuaciones con los niños que jamás haríamos con un adulto?

¿Por qué no tratamos con respeto a los niños?

Esta pregunta me la he hecho muchas veces… Y son varias las conclusiones que saco:

Nos da miedo perder autoridad: Tenemos la idea de que los adultos debemos ser una figura de autoridad para los niños. Eso nos lleva a que nuestros hijos acaben teniéndonos miedo. Existe la falsa creencia de que los niños manipulan a los padres y para evitarlo caemos en imponer nuestra voluntad en vez de escuchar lo que nuestros hijos tienen que decirnos. Debemos dejar de lado el pensamiento de que como somos mayores sabemos más. Eso nos lleva a creernos con el derecho de anular a nuestros hijos y tratarles como «marionetas» nuestras. Debemos entender que como en cualquier relación somos dos partes y que ambos tenemos derecho a expresarnos, a sentir y a decidir, siempre que todo aquello que hagamos sea respetuoso para las dos partes.

Nos falta tiempo y paciencia: Los niños están empezando a aprender a vivir por eso necesitan más tiempo para entender y comprender determinadas cosas. En la sociedad actual nos falta tiempo para que los niños puedan practicar pero nos olvidamos que sin esa práctica no serán capaces de desarrollar las habilidades que le harán falta de adulto. Esa falta de tiempo suele ir asociado a que, en demasiadas ocasiones, perdemos la paciencia. Necesitamos llegar a tiempo a los sitios y acabamos vistiendo nosotros a nuestro hijo porque sino no llegamos… Se nos olvida que nuestro hijo necesita practicar ponerse los pantalones para aprender como hacerlo.

Nos importa lo que piensen los demás: Son muchas las veces que tomamos decisiones o resolvemos un conflicto con nuestros hijos condicionados por la presión social. No queremos que piensen que «malcriamos» o que «consentimos» y llevados por ese pensamiento dejamos de centrarnos en las necesidades de los niños. A la hora de resolver un conflicto si no te sientes cómodo con lo que te rodea es preferible que tu hijo y tu os alejéis y así podáis tratar la situación sin que ningún agente externo condicione tu forma de actuar.

Repetimos patrones de nuestra educación: Es difícil dejar de lado el modo en el que nos educaron, de hecho lo normal es que demos por válido aquello que nos enseñaron a nosotros. Es importante que hagamos un «viaje interior», sanemos heridas (si las tenemos) y nos reconciliemos con nuestra educación. No olvides que cada madre o padre hace lo mejor para sus hijos con los recursos y la información que tiene en cada momento. Eso no quiere decir que siempre hagamos las cosas bien. Lo más importante es ser consciente de los errores que hacemos para intentar no volver a repetirlos.

Nos falta mirar desde la perspectiva de los niños: Nos olvidamos de ponernos en los zapatos de nuestros hijos. Su visión del mundo no es igual que la nuestra, recuerda que ellos todavía están aprendiendo a vivir. Demasiadas veces no damos importancia a cosas de nuestros hijos porque nos parecen «tonterías» pero en ese momento esa situación es de vital importancia para el niño, porque la está viviendo, sintiendo y es SU realidad. Sería maravilloso que pudiéramos mantener la «mirada de niño» y que nos siguiéramos emocionando de esa manera, ¡date la oportunidad de vivirlo con tu hijo!

Nos hemos perdido el respeto a nosotros mismos: Uno de los puntos claves en la educación es pensar y mirarnos a nosotros mismos. Cuando perdemos la capacidad de respetar a los demás es bueno que paremos un segundo y nos preguntemos ¿me estoy respetando a mi mismo? Es importante que sepas poner límites y que tus hijos entiendan hasta donde puedes llegar o qué puedes hacer. Si nos respetamos a nosotros mismos para nuestros hijos será mucho más fácil respetarnos porque contarán con más información.

¿Qué ocurre cuando respetamos a nuestros hijos?

Se refuerza su autoestima: Cuando un niño se siente respetado crece creyendo en si mismo, en sus decisiones y en su forma de actuar. Esto no quiere decir que no cometa errores, que no tome decisiones equivocadas y que sus reacciones sean siempre las adecuadas. Pero si cuando nuestro hijo se equivoca nuestra reacción es gritar, castigar o hablar mal le vamos a quitar las ganas de volver a intentarlo. Cuando tratamos desde el amor, el cariño y el respeto un mal comportamiento nuestro hijo tendrá la oportunidad de aprender y de buscar otra manera de hacer las cosas.

Aprenden a respetar: El mayor aprendizaje que tienen los niños es a través del ejemplo, si observa y siente respeto será mucho más fácil que lo aprenda. Esa frase de «haz lo que yo digo no lo que yo hago» te puedo asegurar que no funciona en el cerebro de los niños. Puedes repetir mil veces aquello que quieras que hagan pero si no es coherente con aquello que ven de nada servirán las palabras. Los pequeños son grandes observadores y están sacando conclusiones todo el día, ¡seamos su mejor ejemplo!

Se forja una relación de confianza: Para confiar en una persona necesitamos sentirnos respetado por ella. Desde el temor o el miedo a la reacción de una persona es imposible que podamos entablar una relación de confianza. Para que nuestros hijos confíen en nosotros (y también en si mismos) es absolutamente necesario que nuestra forma de relacionarnos con ellos sea desde el respeto. Otro punto importante es que para respetar a nuestro hijo debemos confiar en sus capacidades y en que son capaces de hacer y de ayudar.

Desarrollan el pensamiento crítico: Si dejamos que los niños cuestionen el porque de las cosas estaremos dándoles la oportunidad de que desarrollen su capacidad de ser críticos. Una habilidad que les será de gran ayuda cuando crezcan. Para ello es necesario que respetemos sus opiniones, que les escuchemos y que les tengamos en cuenta.

Aceptan mejor las normas: Cuando los límites y las normas se hacen entre todos y se respeta las necesidades de todas las partes es mucho más fácil que se entiendan y se cumplan. Abrirnos a que nuestros hijos contribuyan a la creación de las normas es una gran manera de demostrar que respetamos su opinión y sus necesidades. Es importante que lleguemos a acuerdos con nuestros hijos y que estos sean respetuosos para todas las partes.

Aprenden a respetarse a si mismos: Como hemos dicho anteriormente los niños son grandes observadores y los mejores aprendizajes los sacan del ejemplo. Para que un niño se respete a si mismo primero debe sentir que su entorno le respeta. Los padres somos el mayor referente para nuestros hijos, si no se sienten respetados desarrollarán que no merecen respeto y será muy difícil que ellos mismos se respeten.

Las formas en las que se demuestra el respeto son tanto con nuestros actos como con nuestras palabras, en el artículo ¿Por qué debemos hablar con respeto a nuestros hijos? explico porque es tan importante la forma en la que nos dirigimos a los niños. El tema de cómo hablar a nuestros hijos es importante que lo cuidemos desde que son bebés. Un recién nacidos es capaz de diferenciar el estado anímico de quien le habla.

Otra educación es posible

Sin gritos, sin amenazas y basándonos en el respeto. Cambia la relación que tienes con tus hijos y disfruta de la crianza viviendo una maternidad consciente, real y positiva.

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