Como poner límites a nuestros hijos desde el respeto y la amabilidad

Tendemos a pensar que las normas y los límites están asociados al autoritarismo, a tener que ser severos y duros con nuestros hijos porque sino no van a aprender y no van a saber respetar. Pero la clave a la hora de poner límites no está en quien es más fuerte o quien tiene más autoridad, lo importante es cómo pongamos esos límites y cómo se sienta la otra persona al tener que cumplirlos. Vamos a ver dos situaciones iguales pero con diferente forma de actuar para que podamos reflexionar sobre esto:

  • Llegas a la oficina tu primer día de trabajo y tu jefe lo primero que hace es ponerte encima de la mesa un listado de normas y te dice: «Ojito con saltarse ninguna de las normas que tenemos porque habrá una sanción, sin excepciones».
  • En la misma oficina y en tu mismo primer día te encuentras con un jefe que te da los buenos días, te enseña la oficina y te presenta a tus compañeros. Te invita a que vayáis a su despacho porque le gustaría hablar contigo sobre las normas que tienen actualmente. Cuando termina de explicártelas te pregunta si hay alguna de ellas que creas que no puedes cumplir y que de ser así como podríais hacer para solucionarlo.

Los dos jefes te han explicado las normas y han puesto límites, pero: ¿Has sentido que la forma de poner límites del primer jefe era más efectiva que la del segundo?; ¿Respetarías más al primer jefe o al segundo?; ¿Con cuál de los dos jefes crees que vas a aprender más? Si tuvieras un problema, ¿acudirías al primer jefe para buscar ayudar? Cambiemos la palabra «jefe» por «padres» y eso es lo que están sintiendo nuestros hijos cuando únicamente nos preocupamos de que nos respeten sin buscar cual es la mejor manera de conseguir ese respeto.

¿Cómo queremos conseguir el respeto de nuestros hijos?

Esta es la primera pregunta que debemos hacernos. Seguramente los dos jefes del ejemplo serán respetados pero la diferente estará en el porqué tienen ese respeto. Al primero le respetarán por miedo a las consecuencias mientras que el segundo lo obtendrá gracias al respeto que él da a sus trabajadores, ¿cuál crees que es el respeto que perdurará en el tiempo?

Algo que debemos tener siempre muy presente es la etapa evolutiva en la que se encuentra nuestros hijo, ya que hay ocasiones en las que les pedimos determinadas cosas para las que su madurez cerebral no está preparada. En el post ¿Cómo funciona el cerebro de los niños? encontrarás más información. Debemos dejar de tomarnos como algo personal los actos de nuestros hijos, comprender que su proceso de aprendizaje es diferente y respetar ese proceso. Cuando eso ocurre nuestros hijos nos respetan porque confían en nosotros no por miedo o por una simple «autoridad». En el respeto mutuo está la clave, yo confío en tus capacidad y respeto tus tiempo y tu confías en mi y respetas mi criterio.

La importancia de los límites

Nuestros hijos necesitan límites y normas para sentirse seguros y confiados. Un niño que crece en la permisividad no será capaz de desarrollar determinadas habilidades de vida como por ejemplo la tolerancia a la frustración. Conocer los límites y las normas hacen que ellos se sientan confiados y sepan como pueden actuar.

El respeto mutuo del que hablamos también pasa porque los adultos entiendan que ellos son el referente de sus hijos y que como tal deben actuar. Nos corresponde a nosotros poner esos límites y velar porque se cumplan ya que sino los niños no sabrán a que atenerse y comenzará la desconfianza. El punto de inflexión es en el cómo ponemos esos límites. Debemos saber decir no y mantenernos en él pero sin caer en los chantajes, las amenazas o los castigos. Jane Nelson, cofundadora de la Disciplina Positiva dice: «¿De dónde hemos sacado la loca idea de que para que los niños se porten mejor, antes tenemos que hacerles sentir peor». No es necesario que hagamos sufrir a los niños para que aprendan o para que cumplan una norma.

Cómo ponemos límites a los niños con respeto

  • En primer lugar respetando y entendiendo sus procesos de aprendizaje. Los niños están aprendiendo a vivir y como a todos nos ha pasado se equivocarán muchas veces y tomaran malas decisiones. Pero de esos errores, si les damos la oportunidad, será de donde saquen las mejores enseñanzas. En vez de penalizar a nuestros hijo por equivocarse (con un grito o un castigo) convirtamos ese error en un momento para aprender. ¿Por qué crees que ha pasado esto?, ¿cómo crees que podríamos hacerlo la próxima vez?, invitemos a nuestro hijo a reflexionar a través de preguntas.

  • Hablando con ellos. Si nos sentamos con nuestros hijos y les hacemos participes de la creación de las normas las sentirán parte de ellos y les resultará mucho más fácil respetarlas. En el post «El sentimiento de pertenencia es fundamental en la crianza» te cuento porque es tan importante involucrar a los niños y que se sientan parte de la comunidad. Además podremos poner los límites ajustándolos a las capacidades y a las necesidades de nuestros hijos.

  • Los niños necesitan saber que nuestro amor no tiene condiciones. Asegurándonos que nuestros hijos entienden que nuestro amor no depende de un comportamiento. «Te quiero pero mi respuesta es no». Al poner límites es importante que cuidemos la forma en la que lo hacemos. La comunicación no verbal es fundamental ya que es mucho más potente que cualquier palabra.

  • Explicar y recordar las normas y los límites con anticipación. Los niños necesitan normas y límites pero también necesitan conocerlos. Es preferible que nos tomemos un minuto antes de hacer algo para recordarles las normas y los límites y asegurarnos que los han entendido. Si por ejemplo tenemos la norma de que no se juega en el cuarto de baño. Estaría bien que antes de ir a lavarnos los dientes preguntemos «¿os acordáis de la norma del baño?, ¿cuál era? De este modo facilitas a los niños que recuerden ese límite.

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